“Diario de una Liberación” - María Moreno Quintana
PRÓLOGO
La relación entre nuestro pensamiento, el lenguaje y el mundo ha sido una preocupación de la filosofía desde sus inicios. Cómo conocer (¿siempre bajo la estructura y las categorías del lenguaje?) y cómo expresar lo que se sabe. Desentrañar la función que el lenguaje tiene, no sólo para informar sino para comunicar desde sentimientos hasta mandatos, desde insultos hasta éxtasis, de maneras directas o sutiles. Y que otros nos comprendan. Desde el principio, entonces, hubo lugar para la poesía. Para esos excedentes de sentido que no sólo no se sostienen en la literalidad sino que nos sacan del foco directo y cotidiano de la vida para llevarnos más allá. Y que por virtud de sus formas nos llevan suavemente a iluminar otros detalles, que se completan y vibran en nuestra propia sensibilidad, pero tampoco podríamos expresar literalmente.María es poeta. Y es una mujer. Las mujeres han tenido silenciada la palabra durante muchos siglos, los mundos que construyen con sus metáforas han sido menos transitados y comunicados porque algunos varones consideraron natural representar lo humano y ocupar la casi totalidad del canon de la literatura. Ella convoca con su poesía al colectivo de mujeres que se propone desde hace décadas sacar del silencio y de la sombra esas palabras, esos deseos, esos mundos posibles. Y convidarnos a dialogar con ellos. Este libro es uno pero también son tres, independientes y enlazados: Diario de una Liberación, Flor de Invierno y Late la Nube Vieja. En todos ellos pone su voz pero su presencia es silenciosa, no habla de sí misma sino a través de lo que revelan sus visiones.
Una de las cosas que impactan en la poesía de María es su deslumbramiento frente a la naturaleza, desde la más imponente de los astros hasta la más minúscula del detalle. Se detiene y encuentra allí sus metáforas subjetivas, arrastra desde allí las emociones desde la contemplación hasta la carne viva de la existencia. Y parece decirnos que la verdad no habita donde creíamos. En uno de sus poemas habla de "algún pálpito / o indicio de verdad en los actos". Hay un movimiento performativo de la verdad que debemos atrapar, y es fugaz, intuído, no permanece, fluye.
María parece estar siempre sola frente a la inmensidad de la naturaleza, tratando de descifrarla. A veces son escenas demoledoras, cataclísmicas, de mundos enteros que se derrumban. Otras veces son escenas que decodifican el lenguaje de las flores y las piedras, del agua y las huellas, como si hubiera diálogo entre ellas. Pero a la vez, una vez allí, aparecen como un relato imposible, porque cuando nos advierte lo que significan ya no están allí para enlazarlas con las palabras. Por eso es una poesía interior que tiene algo de mística, que parece a la vez decirnos que sólo tenemos el silencio, que la palabra está allí para mostrar pero no para significar.
Las palabras, las metáforas que en algunos casos se repiten creando una cierta familiaridad en las escenas, forman ciclos. Hay contraposiciones pero no opuestos (las luces y las sombras, lo vivo y lo inerte, el cambio de estaciones) sino modos de aparecer que auguran los ausentes. Y que en su sucesión ofrecen a la conciencia la posibilidad de detener todo. Y entonces ocurren momentos de epifanía: " todo cabe aquí / manifiesto / veloz / todo es vida". O más tarde "no se veía / ya no estábamos / en el tiempo". ¿Cómo sería humano habitar fuera del tiempo, en esa quietud estática más que existencial? María nos saca de lo humano para llevarnos con su metáfora a lo absoluto. Y también nos devuelve al lugar de la seguridad: " las suelas a su tierra / huella pulida / donde anclar". Son momentos, a veces breves. Rasgaduras del velo de la realidad que nos asoman al instante del acontecimiento. La mayoría de las veces dolor de lo humano y esperanza del ciclo de lo que retorna, como un consuelo en la contemplación de la naturaleza desde la soledad muy profunda. Tal vez el silencio y la soledad sean destino, y María lo rompe también para quienes la leemos con apenas la persistencia empecinada en la palabra: " todo gira y baila menos mi tierra y yo / que me estanco como la mula que libera". A la vez duele y deslumbra.
Diana Maffía

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