PRÓLOGO La relación entre nuestro pensamiento, el lenguaje y el mundo ha sido una preocupación de la filosofía desde sus inicios. Cómo conocer (¿siempre bajo la estructura y las categorías del lenguaje?) y cómo expresar lo que se sabe. Desentrañar la función que el lenguaje tiene, no sólo para informar sino para comunicar desde sentimientos hasta mandatos, desde insultos hasta éxtasis, de maneras directas o sutiles. Y que otros nos comprendan. Desde el principio, entonces, hubo lugar para la poesía. Para esos excedentes de sentido que no sólo no se sostienen en la literalidad sino que nos sacan del foco directo y cotidiano de la vida para llevarnos más allá. Y que por virtud de sus formas nos llevan suavemente a iluminar otros detalles, que se completan y vibran en nuestra propia sensibilidad, pero tampoco podríamos expresar literalmente. María es poeta. Y es una mujer. Las mujeres han tenido silenciada la palabra durante muchos siglos, los mundos que construyen con sus metáforas han s...